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"Chicas Malas" Capitulo Dieciséis: Las Aventuras de Emma Bells


Yo voy a ser tu amigo y no estoy fingiendo. Niña, te conozco en todas las situaciones.
Ooh La, The Kooks


Roxanne Red desapareció de mi radar luego de los eventos del cine relacionados, entre otras cosas, con Spiderman y un corazón roto.. Y Jorge, quizás impulsado por la decepción amorosa, tomo un viaje a su natal Trujillo libre de celulares y correos electrónicos, mismo monje budista. Y cuando mi vida asomaba por fin a un nivel de supuesta normalidad (para lo que es normalidad para mí, que es un concepto vacio), conocí a Emma Bells.

Emma Bells llego a mí como una extraña curiosidad, una linda “curiosidad”. Y más que linda, una muy sexy.  Generalmente me limito a no describir físicamente a las personas para que sus mentes pongan a Julia Roberts o a Rebecca Black, la simpleza de la palabra sexy lo dice todo. Su cabello castaño, la piel trigueña, un cuerpo bonito… quiero ser vago con los adjetivos. Quizás se parece a Angie Jibaja o a Michelle Rodriguez. Quizás  quizás. 

En fin, con Emma fue hola y chau los primeros días. No tenía los huevos para más.  Donde todos veían solo a una chica con mucha personalidad, yo veía la posibilidad de conocer a una persona interesante. A estas alturas, ya no suena natural.  Lo he ensayado y eso. 

Técnicamente, la primera conversación que tuvimos ni siquiera fue una conversación tal cual, fue por Messenger. La vieja historia del amigo de un amigo que teníamos en común, el mundo es un pañuelo.

- Hola Emma – le dije, y situamos esto en una ventana del chat de Hotmail – Se que esto es raro porque nunca hablamos en vivo y un amigo mío me dio tu msn y… no quiero parecer un sinvergüenza.

Ella empezó a reírse, o en lo que en el idioma virtual es un JA JA JA, y así comenzó todo.

Al día siguiente me cuenta de su novio, con el que lleva dos años y del que se ha separado unas 40 veces.  Igual lo quiere mucho aunque jure cada vez que se separan que será la última vez. Habla bastante de él cada vez que nos pasamos horas sentados conversando normalmente de sexo. Emma no tiene problemas para hablar de eso, sobre sus experiencias, sus modos, sus formas, sus expectativas.
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       -¿Qué quieres que te cuente? – dice a veces, y entonces no para.

Y me cuenta, alguna vez lo hizo, sobre sus orgasmos y sus climax. Como una vez que termino gritando ¡VIVA EL PERU! en un sorpresivo final lleno de amor patriota. Luego me sorprendo al darme cuenta que yo no tengo nada que contarle.

A Emma no le cae bien a mis otras amigas y le importa un bledo. Igual ella cree que son aniñadas y cursis. No se hablan, no se miran, no se conocen. Debería intentar que se lleven bien, pero a mí también me importa muy poco mientras ella y yo podamos conversar.

Con el tiempo, me hago muy amigo de Emma Bells, de tal forma en que ella de cariño me dice Gay y yo le digo Erótica. Lo que en una perspectiva imparcial es injusto porque ella es erótica y yo, hasta nuevo aviso, no soy gay.
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   - A veces creo que solo cuando estoy contigo puedo ser yo mismo – y ella dice que me quiere mucho, y volvemos a hablar de temas importantes, como películas porno con trama.

Y, sorpresa, conoce a Roxanne Red.



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