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"Chicas Malas" Capitulo Trece: La Polaca




Hormonas adolescentes, aspecto juvenil, sin cariño físico. Eres un regalo del cielo, ¿Quieres un novio?
The Vaccines, Norgaard



A Luli Jones, la polaca, la vi muchas veces antes de saber siquiera que se llamaba Luli Jones.Y mucho antes que saber que era polaca, fue todo un proceso elaborado. Pálida, rubia y vestida de rosa (o morado, siempre chillón), llamaba la atención a la gente que merodeaba el patio de mi instituto en las horas libres y en las horas de clase (sobre todo en las horas de clase).

Pero no era Luli Jones todavía, era “esa chica bonita de allí”.

Supe que era Luli Jones cuando la postularon como Miss Cachimbos, delirante y lerdo concurso de belleza entre las chicas nuevas, que dejaron de ser delirantes y lerdos por la nominación de Luli, que se convirtió en una sensación de la página de votación y en la favorita de todos mis hermanos de género.

- ¿Has visto a las nominadas a Miss Cachimbo? – me pregunta Esteban, un amigo de clases – La polaca se lleva el premio fijo.

- ¿Qué polaca?


- La polaca pues. La rubiecita – me dice, sorprendido de mi ignorancia sobre el origen de las chicas bonitas supuestamente europeas – Es alumna de intercambio.

- Chucha, ¿es polaca? Ni idea… - no le creo un carajo porque “Luli” y “Jones” no tienen nada de polacos. Pero ¿Qué se yo de las polacas? Aparte que viene de Polonia y.. bueno, un compatriota suyo fue un Papa.




A la polaca le gusta She and Him, The Breeders, Regina Spektor y Johnny Cash; y no ese disforzado y bobalicón latin pop que escucha la mayoría de mis amigas. Su película favorita es 500 Days of Summer y Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Huele a indie, seguro que su canal favorito es I.Sat. Tiene novio, creo. O ha tenido uno hace poco. No pregunten como lo se, es mi instinto arácnido. Mi vocación de detective.

Esta bien, saque todo eso de su blog.

El Diario de Luli Jones es una tribuna virtual para material subido de tono (cosas con títulos como “ayer tuve orgasmos seguidos que no los conte”) y cosas inocentonas con aires medios cursis (como “escuela para aprender a amar”). Sexualmente tierna, la polaca. Un encanto.

Luego de leerla tanto, decidí dejarle un comentario. Un comentario feo, ridículo, rebuscado. Un primer acercamiento que no revelara intenciones pero que fuese un avance, un primer paso torpe y hecho para salir mal. Algo así:



Un día de estos que me la encuentre casualmente, intentare decirle hola.

Probablemente nunca lo haga.




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